Si Acaso, de Wislawa Szymborska

Si Acaso, de Wislawa Szymborska

Podía ocurrir
Tenía que ocurrir
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió; no a ti.

Te salvaste porque fuiste el primero
Te salvaste porque fuiste el último
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.

Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno, un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad.

¿Ah, estás? ¿Directamente de un momento todavía entreabierto?
¿La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto?
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.

La voz a ti debida, de Pedro Salinas

La voz a ti debida, de Pedro Salinas

(22)

Afán
para no separarme de ti, por tu belleza

Lucha
por no quedar en donde quieres tú:
aquí, en los alfabetos,
en las auroras, en los labios

Ansia
de irse dejando atrás
anécdotas, vestidos y caricias,
de llegar,
atravesando todo
lo que en ti cambia,
a lo desnudo y a lo perdurable.

Y mientras siguen
dando vueltas y vueltas, entregándose,
engañándose,
tus rostros, tus caprichos y tus besos,
tus delicias volubles, tus contactos
rápidos con el mundo,
haber llegado yo
al centro puro inmóvil, de ti misma.
Y verte como cambias
-y lo llamas vivir-
en todo, en todo, sí,
menos en mí, donde te sobrevives

(23)

Yo no puedo darte más
No soy más de lo que soy

Ay como quisiera ser
arena, sol, en estío!
Que te tendieses
descansada a descansar.

Que me dejaras
tu cuerpo al marcharte, huella
tierna, tibia, inolvidable.
Y que contigo se fuese
sobre ti, mi beso lento:
color,
desde la nuca al talón,
moreno

Ay como quisiera ser
vidrio, estofa o madera
que conserva su color
aquí, su perfume aquí,
y nació a tres mil kilómetros!
Ser,
la materia que te gusta,
que tocas todos los días
y que ves ya sin mirar
a tu alrededor, las cosas
-collar, frasco, seda antigua-
que cuando tú echas de menos preguntas:
“ay, ¿dónde está?”

Y, ay, como quisiera ser
una alegría entre todas
una sola, la alegría
con que te alegraras tú!
Un amor, un amor solo:
el amor del que tú te enamorases.

Pero
no soy más de lo que soy.

(24)

Despierta. El día te llama
a tu vida: tu deber
Y nada más que a vivir
Arráncale ya a la noche
negadora y a la sombra
que lo celaba, ese cuerpo
por quien aguarda la luz
de puntillas, en el alba.

Ponte en pie, afirma la recta
voluntad simple de ser
pura virgen vertical.
Tómale el temple a tu cuerpo
¿Frío, calor?
Lo dirá tu sangre contra la nieve
de detrás de la ventana;
lo dirá
el color en tus mejillas
Y mira al mundo. Y descansa
sin más que hacer que añadir
tu perfecciona otro día

Tu tarea
es llevar tu vida en alto
jugar con ella, lanzarla
como una voz a las nubes
a que recoja las luces
que se nos marcharon ya.
Ése es tu sino: vivirte
No hagas nada
tu obra eres tú, nada más.

libreta

libreta
libreta

Pasas las hojas en carril de tejedor (de tejedor con máquina de hilado) como haciendo canales de líquida velocidad, torrentes entre las ideas y la fibra vegetal de las páginas. Te inclinas, te enderezas, piensas como tus ojos -uno casi sabe quién llegará primero- y el noble papel en que escribes cede flexible como pura evocación de aquel árbol que se te ha presentado en una página de cuaderno al mundo, a tu mundo:un hermoso planeta de ideas donde vuelcas razones como flores, como plantas, como montañas, como ríos,como mares, como frutas, como piedras, como animales salvajes, en una cartografía de un pensamiento que se explica y que se vierte desde la emoción y la lucidez, pero siempre dejando la ventana o la reja blanca abiertas, para que venga la brisa en cualquier momento, hasta en lo callado sabes que ella viene.A veces así se abre paso el dibujito o la nostalgia en la letra redonda como un sol que quizá sugerirá un nombre -aunque éste sea un poema pues no habla del yo protagónico yo sé que lo sabes- Libreta extrañadísima y camisa azul, una preciosa voz y aquel temblor eléctrico.La empatía para siempre en un minuto, en un segundo, pero eterno. Un vasito de café con leche marrón, como para hombres, esperándome en un pupitre también en silencio y sospecha mutuos a los que nunca cedimos-como una inconsciencia de clases- y que parecieron siempre anunciarnos cómo las palabras nos superarían y por eso las desafiábamos en notas, en claves, en cifras, en razones, en convicciones, en tiempos, en amor, sí, en amor estirado por algo que no tiene escritura, gigante, que es el añorar, que es la distancia, pero que es al mismo tiempo el sentir la espera mínima, justa,pequeña, muda,porque no le calza el vestido verbal,porque es una tiniebla y una claridad juntas, y también una galaxia estrellada, la ruta escondida de algún bosque en que nos hubiéramos perdido y hubiéramos fabricado chozas, bebido otras aguas para sobrevivir, pero siempre en un cielo debajo de un mismo cielo y en un agua semejante, pura, arremolinada.Y siendo también en el descampado. Un cielo que es también grande, flexible, como esa libreta desde la que pende lo que está por escribirse; gotean las palabras deteniéndose en el silencio, en este saber ser más fuertes ahora en la forma de un nuevo signo,una nueva tipografía, un nuevo idioma tal vez ,en el que sea la imagen tan presente que ya no haya que tomar apuntes como una lengua que se sabe hablar desde los sueños, un beso mirado a través de las páginas canales túneles al ser que somos

Libreta, letras redondas como soles,como lunas sin sombra: astros mayores reflejándose en este río

un hermoso cuento de amor con alas

un hermoso cuento de amor con alas
un hermoso cuento de amor con alas

I
Él se sentó a esperar bajo la sombra de un arbol florecido de lilas.
pasó un señor rico y le preguntó, ¿que hace usted,joven, sentado bajo este arbol, en lugar de trabajar y hacer dinero?
Y el hombre le contesto:
-Espero
Pasó una mujer hermosa y le preguntó ,¿qué hace usted, hombre, sentado bajo este árbol, en lugar de conquistarme?
Y el hombre le contestó:
-Espero
Pasó un chico y le preguntó; ¡que hace usted señor sentado bajo este árbol, en vez de jugar?
Y el hombre le contestó:
-Espero
Pasó la madre y le preguntó:
¿qué haces, hijo mío, sentado bajo este árbol, en vez de ser feliz?
Y el hombre le contestó:
-Espero

II

ella salió de su casa dispuesta a buscar:
cruzó la calle, atravesó la plaza, y pasó junto al árbol florecido de lilas
Miró rápidamente al hombre
Al árbol
Pero no se detuvo,
Había salido a buscar.Y tenía prisa.
él,con una sonrisa,
la vio pasar.
Alejarse.
Hacerse un punto pequeño.
Desaparecer
Y se quedó mirando el suelo nevado de lilas.
Ella fue por el mundo a buscar,
por el mundo entero.
En el norte había un hombre con los ojos de agua.
Ella preguntó ¿eres el que busco?
No lo creo. me voy- dijo el hombre con los ojos de agua.
Y se marchó.
En el este había un hombre con las manos de seda.
¿eres el que busco?
Lo siento pero no-dijo el hombre con las manos de seda.
y se marchó.
En el oeste había un hombre con los pies de alas.
Ella preguntó ¿eres el que busco?
te esperaba hace tiempo. Ahora no- dijo el hombre con los pies de alas.
Y se marchó.
En el sur había un hombre con la voz quebrada.
Ella preguntó- ¿eres el que busco?
No.no soy yo-dijo el hombre de la voz quebrada.
Y se marchó

III

Ella siguió por el mundo,
Buscando
Por el mundo entero
Una tarde subiendo una cuesta, encontró a una gitana,
la gitana la miró y le dijo:
-El que buscas te espera en el banco de una plaza,
Ella recordó al hombre con los ojos de agua.
Al hombre que tenía las manos de seda.
Al de los pies de alas.
Y al que tenía la voz quebrada.
y despues se acordó de una plaza.
Y de un árbol con las flores de lila.
Y de aquél
Hombre que sentado
a su sombra
la había visto pasar con una sonrisa.
Dio media vuelta y empezó a caminar sobre sus pasos.
Bajó la cuesta.
y atravesó el mundo.
el mundo entero.
Llegó a su pueblo.
Cruzó la plaza.
caminó hasta el árbol florecido de lilas
Y le preguntó al hombre que estaba sentado bajo su sombra:
-¿Que haces aquí sentado bajo este árbol?
El hombre que estaba sentado en el banco de la plaza le dijo, con la voz quebrada:
Te espero
despues levantó la cabeza.
Y ella vio que tenía los ojos de agua.
Le acarició la cara.
Y ella supo que tenía las manos de seda.
La invitó a volar con él.
Y ella supo que tenía tambien los pies de alas.

M.T.ANDRUETTO

economía de palabras

economía de palabras

Tanto que cuesta no decir más una vez entregada la voz
¿quién ha de esperar cambio de vuelta?
¿quién contará las monedas que quedaron en el bolsillo?
¿quién rozará la humedad sobre el recuerdo indivisible?
pocas o muchas palabras nada dicen
porque nunca darán justa cualidad al silencio

íntima y sola cualidad refleja
que se acrecienta
cuando el valor desde lo que tiene de secreto,
calla

Detrás del encandilamiento
un escondite de las joyas preciosas
el oro de una leyenda

Por eso la urgencia es el bien que consume
al amante en la memoria
su bien que circula sobre lo inefable
verdadera divisa amorosa
hoy recibo de cambio de la nostalgia
tesoro espléndido de un mapa
al que no le quedan más palabras
comprendido
encendiéndose integrado
en el corazón

intentando traducir a Marie Ponsot

intentando traducir a Marie Ponsot


One Is One
Heart, you bully, you punk, I’m wrecked, I’m shocked
stiff. You? you still try to rule the world–though
I’ve got you: identified, starving, locked
in a cage you will not leave alive, no
matter how you hate it, pound its walls,
& thrill its corridors with messages.
Brute. Spy. I trusted you. Now you reel & brawl
in your cell but I’m deaf to your rages,
your greed to go solo, your eloquent
threats of worse things you (knowing me) could do.
You scare me, bragging you’re a double agent
since jailers are prisoners’ prisoners too.
Think! Reform! Make us one. Join the rest of us,
and joy may come, and make its test of us.

Uno es Uno

Corazón,vándalo, matón. Estoy deshecha,impactada,
tiesa.
¿Tú? Aún insistes en gobernar el mundo
Yo te tengo:identificado, hambriento,encerrado en una jaula de la que no saldrás vivo,
no importa cuánto la odies, cuánto golpees las paredes
y resuenen por los pasillos tus mensajes

Bruto. Espía. Yo confié en ti. Ahora te deshilachas y bramas desde tu celda
pero estoy sorda a tus berrinches
Ambicionas ser el solista,
en tus elocuentes amenazas de cosas peores
(que conociéndome) podrías hacer
Me asustas alardeando de tu doble agenda
ya que los carceleros son prisioneros de los prisioneros también
Piénsalo! Refórmate! Haznos uno. Únete al resto
Y la alegría vendrá, haciendo su experimento en nosotros.

un poema de Ramón Palomares

un poema de Ramón Palomares

El Nadador

Seas bello, joven nadador,
levantado sobre las aguas,
ajustadas tus piernas y cada brazo al muslo.
Bello como el mástil que alcemos al día soñado.

Ni tus cabellos sean irrespetados por el viento
ni tus labios tiemblen.
Más bien parezcas al sol,
divino en su postura, y, desnudo,
seas como rosa amanecida hoy para la aventura mortal.

Sólo un pájaro distinto
descendiente del más alto ramo del cielo
sea igual a tu cuerpo
en la maravilla del salto.
Al desafío de los aires
penetras sus dominios
y en la caída silbas tu cuerpo.
Ni una rápida estrella
igualaría esa delicadeza:
el arco mágico de tu pecho
que se abalanza al agua desconocida.

Seas impuesto sobre los voraces
y la gran injuria de la espuma
errante, sabia de otros odios,
no llegue a tu boca
ni entre a tu garganta como el leopardo de muertes.

Pase un navío cerca de ti,
bellas sus velas, altos sus mástiles,
con aves en derredor.
Y te sea descendida una embarcación de descanso.

Caiga del cielo un ramo salvador
y asido al fulgor de sus hojas
abraces el día siguiente.

O más bien te sea otorgada una isla
toda llena de la flor pasionaria.

Seas salvado, joven nadador,
hoy allí, frente a la casa del cielo.
Lejos sólo una llama, débil palma
preciada como salvación.

Las aguas caídas en los años pasados
no desconozcan al joven nadador
ni dejen de tejer sus paños en el día triste.
Y traiga el encanto dorados caballos
y el cielo de aquella ciudad
donde el invierno llora.
Baste para él el amor,
igual que antes bastara la margarita
para sus elevados misterios.
Y brille siempre el aire sobre él
y una luz sea sobre su cabeza.

Recuérdase para el joven nadador
los altos árboles
en los montes esbeltos y soberbios
a la hora de la muerte y la huida de aves celestes.

Quien fuera sueño de los días,
oro a los ríos,
recordador del sol;
bien va sobre las aguas
a terminar su corazón en los temibles hielos,
la garza helada de las alturas.

No bastan los ejercicios de esta adorada ribera,
se escuchan por el monte los terribles lobos.
No basta la contemplación:
Perseguidos, como la flor astromelia
igualmente asesinada.

Y en tiempos ya ajenos a la memoria
un resplandor devora su casa.
Aparece en su corazón un ramo,
una fragante maceta de lirios,
un apasionado y rebelde astro.

Un ave larga y radiante
pasa sobre los ojos para el efecto de maravillas:
Un reino para ti,
joven, bello nadador,
para holganza de tus miembros.
Y esta extraña mansión alza sus tigres a las estaciones,
a las lenguas del astro.
Sean entonces los sueños arrancados al cielo
por un joven que abre sus brazos al agua desconocida,
ajeno a toda perfidia.
A pesar de la luz maldita,
la perdición de estas hojas que bailan las nubes,
las furiosas bestias habitantes del corazón.
Aparezcas no comido por el vestido cruel,
no atrapado en redes, la traición
y la humillación de los rangos altos.

Seas el limpio, dulce paño de las noches,
y aparezcas, joven, bello nadador,
arriba del milagroso altar,
igual que la estela invitadora al bien.
Seas llevado por los días,
el mar, gran atormentador de los navíos solitarios,
el agua armada,
puro de orfandad, sano sobre los peligros.
Vayas siempre asido al cielo
sobre las brisas y altos fuegos de tormento.
Digno amparado de la luz,
joven, bello nadador,
hoy y para siempre colocado más alto que esta flor limpia
salida de tu boca a los terribles,
locos, voraces cielos
a que se enfrenta el corazón.

un poema de Rafael José Álvarez

un poema de Rafael José Álvarez

Retiros
Llevamos el nombre de los que usaron
cierta fosforescencia en los umbrales.

Nos sentimos en ellos
antes y después del tiempo irreparable.

Los hemos visto en viejas arideces,
en polvosos grabados.

Musitan sus retiros
la morosidad de los ramajes.

Retraen su silencio por nosotros
y pasan sin tocarnos.

un poema de Eduardo Zambrano Colmenares

un poema de Eduardo Zambrano Colmenares

La ciudad encantada

Uno busca la ciudad encantada

y se imagina que ha de existir a la manera de un gran sueño

Por fin, allá está la ciudad encantada

ascendemos llegamos

nos aprendemos de memoria calles y rostros

dónde se encuentra la más bella y terrible

 de las miradas

y dónde el vino más agradable

Uno busca una ciudad

en donde haya un lugar oculto

al hostigante ojo de los días

a la asfixia que ahoga nuestro entusiasmo

Así viví en la ciudad encantada

Suelen preguntarme de año en año por ella

y respondo siempre

como si despertara de un sueño